Reivindicación

Comenzó a sentir algo de frío a pesar de estar en plena temporada estival, tal vez la causa era la fiebre que de manera terca se le había instalado desde hacía algún tiempo. Estaba recostada en la cama boca arriba, la almohada le inclinaba la cabeza hacia delante permitiéndole observar todo el largo de su cuerpo.

Mientras ella permanecía en esa muda contemplación, creyó escuchar algo, como si alguien le estuviera hablando, sonaba como un susurro, era algo extraño, parecía llegar desde el extremo de sus piernas, no podía ser posible. Ese sutil sonido se desplazaba por el aire, pero era lo bastante audible como para entenderle.
-¿Quién es…de que se trata…que intenta decirme?
-Somos nosotros, que al percibir tu mirada, nos has puesto inmensamente felices.
-Es que…no miraba nada en particular, no se…
-Doblemente grato es advertir que también nos estás oyendo. Hemos pasado tanto tiempo juntos. En realidad toda una vida, diría aún más, lo estamos desde el inicio mismo de la con-cepción. Lo que pasa es que desde aquella época, nosotros ya nos sentíamos protagonistas importantes.
Tal vez recuerdes que durante el embarazo de nuestra madre, éramos los más inquietos, los mas movedizos, si al apoyarnos con fuerza sobre el agrandado vientre, provocamos de ella, sus primeros elogios “Miren que hermoso, como empujan”.
Al cumplir los nueve meses estábamos listos para vivir ese episodio único y maravilloso ¡El nacimiento! Tuviste el privilegio que la luz de la vida te alumbrara primero, inmediatamente arribamos nosotros. No significó ningún problema, en definitiva por alguno de los extremos debíamos nacer, y no nos importó por una simple razón, porque a partir de ese instante, fuimos mimados, besados, queridos con la misma ternura con que mimaron, besaron y quisieron cada parte de tu cuerpo.
Transcurrió el tiempo y la unión se hizo más indisoluble, fuimos socios en esa magnífica aventura que es la vida. Cuando tuvimos la fuerza suficiente, logramos afirmarnos y permitimos que te irguieras sonriente y orgullosa. Al poco tiempo, aunque de manera vacilante pudimos dar los primeros pasos. Nos sentíamos protagonistas fundamentales, en aquella época de crecimiento.
Y así fueron pasando los años y sin darnos cuenta, aquella euforia se fue diluyendo, lenta y reacia, de a poco el olvido nos invadió, comenzamos a ser prisioneros en cubiertas de cuero o de tela que nos ceñían y nos ocultaban. Nos sentíamos lejos, tan lejos como el suelo, y sin advertirlo nos sumimos en el anonimato más absoluto, ya no había palabras de elogio, las caricias se perdieron en el tiempo, más aún, ya nadie reparaba en nosotros y de algunos, percibíamos hasta el rechazo.
De cualquier manera seguimos siendo fieles contigo, siempre estábamos dispuestos a llevarte hacia algún destino, corríamos si estabas apresurada, o por el contrario nuestro andar se hacía lento cuando salías de paseo, nos movíamos ágiles cuando bailabas y nos arrastrábamos cuando encarabas largas y agotadoras caminatas. Tal vez recuerdes cuando te enamoraste por primera vez, como te alzábamos poniéndonos en punta cuando besabas.
Al llegar el verano eran tiempos de algarabía para nosotros, volvíamos a recobrar de alguna manera la libertad, dejábamos nuestro encierro y disfrutábamos tomar contacto con la hierba y en ocasiones, con esa incomparable sensación de pisar la arena tibia, o al sumergirnos en las aguas del mar.
Triste destino nuestra existencia, convertidos en los olvidados de siempre. Si hasta los mismos poetas nos negaron, o no es cierto acaso que colmaron los relatos y las poesías con las frases más bellas, cuando describían a las manos y a los ojos, cuantas páginas se inundaron de pasión y sensualidad al referirse a los labios o a los senos.
Y ahora que hace unos pocos instantes notamos tu abatimiento, sentimos el irrefrenable deseo de revelarte un íntimo secreto, callado, oculto desde hace mucho tiempo.
En una oportunidad nos enamoramos, si, de la manera más pasional que puedas imaginar, sin pensarlo, así de repente, un amor integro e incondicional. Nos entregamos a esa pasión como el sueño más maravilloso que pudimos alguna vez acariciar, tu amor fue silenciosamente nuestro amor, cuando te amaba nos amaba, cuando con sus manos, recorría cada parte de nosotros, cada línea que sus dedos dibujaba en nuestras plantas, cada caricia cada mimo nos hacia estremecer. Cuando de manera tierna nos alzaba con sus manos para apoyarnos sobre su pecho, percibíamos a través de la tibieza de su piel, el latir de ese corazón enamorado, fuimos en realidad muy felices. El mayor de los éxtasis fue cuando sus labios nos cubrieron con los besos más dulces, tan dulces como aquellos besos que recibimos en nuestra infancia.
Pero fue una pasión que no pudiste, no supiste o no quisiste retener, lo dejaste partir hace largo tiempo y de nuevo nos volvimos a quedar con el agrio sabor del abandono.
Esto es en definitiva lo que queríamos contarte, estamos llegando al final y tú lo sabes. A partir de ahora, sin desearlo, sin quererlo, vamos a recobrar un inusual protagonismo. Cuando la última gota de sangre esté circulando por tus venas, cuando el último hálito de aire se empeñe en recorrer de manera torpe tus pulmones, va a llegar el momento de nuestra verdadera reivindicación, porque todos los que en ese instante te acompañen van a decir de vos…y de nosotros.
“¡Ahí va ella… con los pies para adelante!”


Posted 18 agosto, 2014 by admin in category Cuentos

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*