El Lunes es el Día
“Hoy es lunes, la decisión está tomada, dentro de unos minutos será. Se siente tranquilo y de alguna manera feliz, pero está decidido a dar ese paso, dejando atrás una existencia de fracasos, frustraciones y muchas amarguras.”
Los problemas en el seno familiar se originaron hace ya bastante tiempo. Las permanentes disputas en la pareja, afectaron de manera radical aquella supuesta armonía de las primeras épocas. Hoy es una familia con una profunda crisis como tantas otras familias. El amor de su esposa quedó enrejado en el pasado ¡Cómo le duele cuando ella le dice!…“Inútil fuiste a… “, “Torpe trajiste los…” como si en definitiva ellas ignoraran que todos dependen de su esfuerzo personal. La referencia a “ellas” responde a que junto al matrimonio, convive su única hija, que por felicidad o desgracia transita en estos tiempos la edad de la adolescencia, con la que tampoco existe un diálogo amigable, son solo recriminaciones, reclamos, exigencias. Que ella necesita cosas, que las amigas y la moda. Él, con esfuerzo trata de hacerle entender a esa mente juvenil, que los sueldos no son de actualización permanente. La verdad sea dicha, ya hace tres años que tiene su haber congelado. Pero todo es inútil, su hija y su esposa ignoran que en esta época, él es un afortunado por tener trabajo y hoy por hoy, el objetivo primordial es conservarlo.
Solo falta mencionar para completar el grupo, a su suegra, que por esos raros designios de la naturaleza también hace causa común con las otras dos mujeres. Lo de la anciana es más tolerable porque en definitiva son ellos los que viven en su casa, ya que es la dueña del departamento.
Estos últimos años resultaron los más difíciles, el pobre sentía una abrumadora y penosa soledad. Ignorado la mayor parte de las veces, excluido de manera intencional de las conversaciones, risas maliciosas y gestos ofensivos.
Hasta que un día, ya harto de todo y de todos, dijo… ¡Basta! Saturada su capacidad de tolerancia, sintió que había llegado el momento, no quedaba otra opción ni alternativa, debía revelarse, tenía que actuar.
Fue entonces que comenzó a planificar lo que llamó… (En algún lado lo había leído) la solución final y definitiva a todos sus problemas. Pensó el plan perfecto, confiaba en su capacidad para llevarlo a cabo. Su trabajo en la oficina después de veinte años de manejar el archivero que según él, no era para cualquiera pues requería mucho orden y capacidad organizativa. Además en sus tiempos libres era un entusiasta de las palabras cruzadas, por lo tanto consideraba que sus neuronas se mantenían sumamente ágiles. Dicho plan debería dar toda la apariencia de un accidente, y lo fundamental, él no tenía que verse involucrado.
Estudió hasta el mínimo detalle los pasos a seguir.
Era pleno invierno, justo fue el año que nevó en Buenos Aires.
Regresó una tarde del trabajo y como sin dar importancia, comenzó a ejecutar sus movimientos. En primer lugar debía preparar la coartada, dijo que se iba al supermercado a traer algo para la cena. Entonces con el mayor disimulo, giró la llave de un calefactor cuyo funcionamiento llevaba varios meses defectuoso, comenzó a salir el gas y se fue.
Estimó que con dos horas era tiempo suficiente, no podía fallar, o bien el gas ponía a dormir para siempre a las mujeres, o bien la acumulación del mismo, ante la menor chispa… ¡Bum!
De regreso notó que el edificio estaba en calma, dedujo por lo tanto que la explosión no se había dado. Nuestro hombre pensó que era mejor así, algún inocente podría haber sido herido. Con sus músculos tensos pero con una frialdad desconocida hasta entonces, abrió la puerta del departamento y entró. Sabía lo que debía hacer, abrió las ventanas para ventilar los ambientes, luego se dirigió a cerrar la llave de gas, que por supuesto seguía abierta, pero en ese instante se percató de algo extraño, no había el menor olor a gas. En eso, el grito de su mujer lo sobresaltó.
-¡Pero sos el rey de los idiotas, con el frío que hace, abrís las ventanas, querés matarnos de una pulmonía! Para colmo la empresa de gas, nos cortó el suministro, con toda seguridad pedazo de inútil te olvidaste de pagar la factura. Estás siempre con la cabeza en cualquier lado, menos donde corresponde.
La cena de esa noche transcurrió normal pero con frío.
Ese traspié no hizo mella en él, la decisión original se mantenía intacta, no se iba a detener, “Hasta los mejores planes, también fallan” pensó (la frase también la había leído en algún lado).
Un hecho fortuito hizo que comenzara a diseñar un cambio en su estrategia.
Por casualidad había tomado fluido contacto con algunos chinos del súper de la otra cuadra, y en forma especial con uno de ellos, que en confianza y con mucha reserva se había identificado como integrante de la “Mafia China”. Luego de evaluarlo unos meses, se animó a proponerle su plan. El chino lo escuchó con atención, le aseguró que como lo conocía desde el mismo momento que se instalaron en el barrio y además lo consideraba buena persona, estaba dispuesto a darle una mano. La mitad de lo acordado en forma inmediata y el resto después de eliminar a las mujeres.
Nuestro hombre le explicó el plan que había elaborado. Consistía en simular un robo en el departamento, en ese instante el chino procedería. La coartada era perfecta, él en ese preciso momento estaría en la oficina. El chino le dijo que se quedara tranquilo, el resultado estaba garantizado.
Coordinaron hacerlo al día siguiente, le entregó al chino un papel con la dirección del departamento, Quinto piso letra “D”, el sicario lo memorizó y acto seguido lo quemó.
-No debe quedar ningún elemento que lo pueda involucrar- le dijo el asiático.
Al otro día regresando de la oficina, repasaba los pasos a seguir. Ni bien trasponía la puerta de entrada, debía proferir alaridos desgarradores, era la justificación que necesitaba para que los vecinos sean fieles testigos de su sorpresa al encontrarse con los cadáveres. Luego llamaría a la policía ¡No podía fallar esta vez!
Abrió la puerta y comenzó a proferir los gritos de angustia planeados. En ese instante escuchó la voz de su suegra que le increpó.
-¿Por qué grita de esa manera pedazo de mamerto?
Paralizado por el terror vio a las tres mujeres jugando al dominó en la mesa del comedor, no salía de su asombro, ¿Qué había fallado? La respuesta le llegó enseguida.
-¿Sabés lo que pasó en el departamento de al lado, el Quinto “E”, donde viven las dos prostitutas?- dijo su esposa -Un chino loco se filtró por la ventana con un cuchillo en la mano, y por supuesto las chicas como siempre, estaban semi desnudas, bueno, no sabemos qué pasó, como convencieron al chino, pero este terminó también desnudo y atado a la cama de pies y manos, hasta que llegó la policía y se lo llevó. La inseguridad hoy en día es todo un tema, algún día hasta nosotros podemos llegar a tener algún problema.
Mientras nuestro hombre jugaba al dominó con su familia, en silencio lamentaba haber perdido la mitad del pago, pero el chino se portó, no lo había delatado.
Contra todo lo pensado esos dos fracasos no lo afectaron, comenzó a imaginar nuevas estrategias. El objetivo seguía siendo el mismo, liberarse de esas tres brujas, que hasta ahora estaban resultando inmortales.
Se sumergió en un profundo análisis. Si en definitiva lo que más ansiaba era encontrar en su vida una mínima cuota de paz, la solución pasaba por otro lado. Mucho más segura, solo debería cambiar la figura de la víctima, entendió de una buena vez, que era él que debía desaparecer.
A medida que pensaba las distintas alternativas las iba desechando, por ejemplo pensó pegarse un tiro, pero no tenía revolver y menos balas, además jamás le gustaron las armas de fuego. Tal vez cortarse las venas, pero si cada vez que intentaban darle una inyección, el pobre se desmayaba. Desechó arrojarse sobre las vías al paso de un tren, le pareció que llegado el momento, no iba a tener el valor suficiente.
Hasta que dio con el mejor método, era lo más viable, sencillo y limpio. Se acercaba a la ventana, cerraba los ojos, un salto desde un quinto piso ¿cuántos segundos tres quizás cinco? y por fin la ansiada liberación.
Lo pensó, decidió que mejor fuera un lunes, de esa manera evitaba de ir a su oficina, que desde hacía tres años no le aumentaban el sueldo.
“Hoy es lunes, la decisión está tomada, dentro de unos minutos será. Se siente tranquilo y de alguna manera feliz, pero está decidido a dar ese paso, dejando atrás una existencia de fracasos, frustraciones y muchas amarguras.”
Se bañó, se empilchó bien, porque una cosa no quita la otra pensó, se anudó la corbata, se puso el saco y mientras los demás integrantes, seguían por supuesto en la cama, con resolución encaró hacia la ventana, el aire fresco le infundió más valor, cerró los ojos, avanzó, respiró profundamente y… ¡saltó! Los segundos comenzaron a correr con su caída, uno, dos, cinco siete y… ¡Plaf!
Rebotó de tal manera sobre la pila de colchones, que estaban descargando en la mueblería de abajo, que cayó de pie en la vereda.
Se recompuso, saludó al portero que estaba limpiando los vidrios de la entrada, y se dirigió presuroso a la oficina, a ver si todavía llegaba tarde pensó, lo importante es conservar el empleo.-