El Rio Color León

Acababa de llegar a su departamento, después de cubrir como periodista la desaparición de una ejecutiva en el interior de la provincia. Debía completar los últimos detalles del informe y llevarlo temprano al día siguiente a la redacción del diario.

La pulcritud y el orden en su casa no lo sorprendió, porque así era de cuidadosa Valeria, su deliciosa y hermosa mujer, también de profesión periodista, pero ella especializada en temas de política local e internacional en otro periódico de la capital, asignada desde hacía años a cumplir sus funciones en la casa de gobierno. Su simpatía y profesionalismo le habían permitido tener contactos de importancia en el seno del poder. Así era el caso de la amistad con el Secretario de Estado de la presidencia, el Dr. Ricardo Herrera, quien le facilitaba el ingreso a muchas de las reuniones oficiales.
A pesar del cansancio esa noche Maxi estaba dispuesto a sorprender a su esposa aguardándola con la cena lista. Ella le había avisado que estaría arribando a la casa a eso de las veintidós horas.
Maxi escuchó el sonido de la cerradura en la puerta de entrada y apagó algunas luces. Valeria dejó las llaves en la repisa y caminó hacia la sala. La perilla se movió y la luz iluminó la mesa servida. Su esposo fue al encuentro de esa deliciosa mujer con los brazos extendidos. Ella se sobresaltó.
-¡Ohh!… me imaginé que te iba a encontrar dormido, me habías dicho que estabas muy cansado.
-Si es verdad, pero después de varios días sin verte, por nada del mundo voy a dejar pasar una cena romántica y a solas ¿espero que te guste la idea?
-Si… por supuesto, es que me sorprendiste.
Durante la cena fueron intercambiando con entusiasmo las diferentes novedades de sus investigaciones. Por último ella adujo estar rendida y ambos se fueron al dormitorio, Maxi comenzó a mimarla y muy pronto a pesar del cansancio, se entregaron a una pasión desbordante.
Por la mañana después del desayuno salieron juntos, Maxi condujo el automóvil y dejó a Valeria en la redacción de su periódico, mientras él, antes de dirigirse a su oficina, hizo una breve escala en una cerrajería para retirar las copias de unas llaves.
Valeria después de dejar algunas notas en la redacción para ser publicadas, le avisó a su jefe que se marchaba hacia la casa de gobierno para cubrir una reunión importante.
-Ok, nos vemos – le dijo el director.
Maxi llegó casi al mediodía a su oficina, entregó todas las notas y el material fílmico referidos a la desaparición de la ejecutiva.
-Te esperábamos más temprano- le dijo algo molesto el jefe de redacción.
-Es que tenía que hacer algunas cosas, siempre sucede así cuando estoy algunos días ausente, vos lo sabés bien.-argumentó Maxi.
Mientras tanto Valeria arribó a la casa de gobierno, exhibió su credencial aunque ya la conocían muy bien. Le franquearon el ingreso. Se dirigió entonces presurosa hacia la oficina del Secretario de Estado, se anunció ante la asistente y en un abrir y cerrar de ojos se escuchó por el intercomunicador “Hacela pasar”
-Espero no incomodarte Ricardo.- dijo Valeria
-Tu llegada jamás incomoda, lo sabes muy bien, la abrazó y la besó con pasión.
-¡Que haces loco, haber si nos ven!
-¿Y qué? Se van a enterar que te quiero.
-Yo también te quiero pero no se te olvide que somos casados, además el escándalo con seguridad podría complicar tu carrera política.
-Si…si…ya…algunos me lo advirtieron.
-¿Quién te está advirtiendo qué? – inquirió ella
-No nada…nadie… ¿Nos vemos hoy?
-¿Hoy?….bueno… le voy a avisar a Maxi que voy a llegar algo tarde, pero cuando digo tengo que irme, no insistas, sabés que debemos ser muy cuidadosos.
-Bueno ¿quedamos hoy a las 20hs en nuestro departamento?
-Hecho, y ahora a trabajar… Sr. Funcionario.
Esa tarde a eso de las 20hs. el primero en llegar al departamento que usaban para esos encuentros furtivos, fue Ricardo Herrera. Se sacó la ropa y se puso una bata de seda. Al ver su imagen reflejada en el espejo, trató de disimular su insipiente vientre, hundiéndolo ex profeso, levantó su cabeza y con el dorso de su mano golpeó la papada y con una sonrisa afirmó- “Nada mal…Nada mal”. Luego se dirigió hacia el baño, lavó sus manos, abrió la puerta del botiquín detrás del espejo, tomó un perfume de marca, humedeció sus manos y se las pasó por el pelo, la cara y el cuello. Luego tomó un frasco, cuya etiqueta decía “Sildenafil” y su mano recibió la última pastilla azulada.
-Pensé que quedaban más, tengo que acordarme de comprar- murmuró algo consternado.
Fue hacia el refrigerador y se sirvió un vaso de agua, en el mismo momento que la puerta del departamento se abría, tragó la pastilla de Viagra. La sensualidad y la belleza de Valeria inundaron toda la sala. Ricardo se acercó y mientras la besaba la comenzó a desvestir, ella se entregó a él y la cama los recibió con entusiasmo adolescente.
Había pasado algo más de una hora, cuando de la boca del hombre se escuchó un quejido.
-¿Qué pasa?- preguntó ella
-No sé, el dolor de estómago es terrible.
-Te dije que no tomes más esas pastillas, que no las necesitás.
-No pasa nada, si estoy bien del corazón, debe ser algo que almorcé y me cayó mal, siento como nauseas. En ese momento Ricardo se encogió de manera violenta y un grito ahogado salió de su boca, de inmediato se puso rígido. Valeria estaba pálida, no sabía qué hacer. Tomó el teléfono y lo dejó inmediatamente. Se acercó al cuerpo rígido de su amante, le pareció que no respiraba, puso sus dedos en el cuello para detectar los latidos carotídeos y nada. Lo sacudió, le gritó y nada. ¡Estaba muerto!
La cabeza de Valeria era un torbellino de ideas y de miedos, todo lo que pensaba le causaba terror. Al fin se decidió, tomó el celular de su amante y llamó al 911, pidió urgente un médico, dio la dirección y el número del departamento. Se vistió rápido, tomó su bolso y salió de manera sigilosa, tratando de no ser vista. Después de abrir la puerta de calle se dirigió casi corriendo hasta la esquina, dobló hacia la derecha, paró un taxi y le dio la dirección de su casa.
El chofer del funcionario aguardaba a su jefe en el automóvil. Como medida precautoria siempre solía estacionarlo a algo más de 50 metros, de aquel departamento donde se encontraba secretamente con Valeria. Le sorprendió verla salir del edificio, casi corriendo. Extrañado, trató de comunicarse con su jefe por el celular, pero nadie respondió a su llamado, ya se estaba bajando del coche cuando vio llegar a la ambulancia.
Cuando Valeria arribó a su casa, Maxi, igual que el día anterior la estaba esperando, la recibió amoroso como siempre y le propuso salir esa noche al cine y luego a cenar. La mujer se disculpó, argumentando que no se sentía bien, deseaba darse una ducha e irse a dormir.
-Se me parte la cabeza- dijo.
Maxi observó el estado de su mujer y lo aceptó algo preocupado, la despidió con un beso y le dijo que se iba a quedar un rato, para ver el partido de futbol por televisión. Se sirvió un whisky, tomó el bolso de Valeria que estaba sobre el sofá y hurgó de manera despreocupada en su interior, justo cuando el réferi daba comienzo al encuentro.
A la mañana siguiente Maxi se levantó temprano, preparó como era su costumbre el desayuno y le avisó a su esposa que otra vez se estaba duchando.
-Gracias, le dijo ella y le explicó que había pasado una noche terrible, que no había podido descansar. Apenas tomó unos sorbos del desayuno.
-Te noto alterada ¿te pasa algo?
-No…no…con seguridad es algo que comí y me cayó mal. Pero si todavía está vigente la invitación de ayer, de ir al cine y luego a cenar, por la tarde a mi regreso, lo hacemos. ¡Ah!…y ahora no te preocupes no voy a poder esperarte, tengo una reunión temprano por lo tanto me voy en un taxi.
Tomó su bolso y al momento de dirigirse hacia la puerta de entrada, sonó el timbre. El marido sorprendido comentó.
-¿Quien puede venir a molestar tan temprano?
Valeria abrió la puerta y sus piernas se aflojaron, la palidez volvió a instalarse en su cara y ya no la abandonó. Tres uniformados y un hombre de civil estaban frente a ella. Trató de parecer normal y preguntó.
– Si… ¿Qué desean?
-¿La señora Valeria Fren?
-Si… – respondió ella, ¿Qué sucede?
-Lo lamento señora, pero queda detenida por la muerte del Dr. Ricardo Herrera.
-Debe haber un error… yo lo conozco pero… – se sujetó del brazo de su esposo que se había acercado extrañado.
-Señora debo advertirle que todo lo que diga, podrá ser utilizado en su contra. Nos tiene que acompañar, disculpe pero debo esposarla.
Maxi presenciaba la escena con la boca abierta, atinó a decir…”Déjenla, están cometiendo un error, ella estuvo conmigo”
-Lo lamento señor pero no interfiera, su esposa va a estar detenida en la repartición de delitos graves, incomunicada. Le aconsejo buscar asesoramiento legal.
-No te preocupes Vale, esto no puede ser más que un lamentable error, voy hablar con Roberto el penalista, para que de inmediato aclare este mal entendido. Quedate tranquila mi amor, no te voy a dejar.
Maxi la vio partir en un mar de lágrimas. Jamás imaginó ver esa angustiante escena. Tomó el teléfono y llamó a su amigo. Nervioso le explicó lo sucedido.
-Por favor Roberto, encargate del asunto, tratá de sacarla lo más rápido posible…
-Quedate tranquilo Maxi, más tarde te llamo al celular y te cuento como está todo.
El esposo consternado se fue a su trabajo, no podía coordinar su accionar, el jefe de redacción al notarlo tan extraño lo llamó a su oficina. Maxi le relató lo sucedido esa mañana y éste le confirmó el rumor que estaba trascendiendo, la dudosa muerte del funcionario estatal.
A primeras horas de la tarde el celular de Maxi vuelve a sonar con insistencia. Escucha la inconfundible voz de Roberto su abogado.
-Escuchame bien Maxi, la cosa está muy mal, muy seria, no quiero hablarlo por teléfono, en unos minutos te paso a buscar por el diario.
Los dos amigos estaban sentados frente a sendas tazas de café. Maxi miraba desencajado al abogado.
-¿Qué pasó Roberto?, decime que es todo una confusión.
-Como te dije la cosa está muy grave, quiero que te serenes porque lo que te voy a decir va a ser muy doloroso.
-Por favor hablá de una buena vez.
-Bueno la realidad es que Ricardo Herrera, apareció muerto en un departamento que alquilaba para sus citas clandestinas.
-¿Y qué tiene que ver Valeria en todo esto?
-Siento decirte esto, es con Valeria con la que se encontraba. ¡Lo lamento mucho!
-No…es una patraña, no puede ser, debe haber un error.
-No, es lamentable pero no lo hay. Y esto no es lo más grave, el Secretario fue envenenado con una pastilla de cianuro.
-Pero Valeria es incapaz de asesinar a nadie…
-Maxi me resulta muy difícil decírtelo, la vieron salir del departamento a la hora del deceso, además al revisar sus pertenencias encontraron dos pastillas de cianuro en su bolso disimulada en una polvera. Parece ser que este hombre tenía intenciones de terminar con Valeria, por presiones de algunos amigos, que le hicieron ver la inconveniencia de ese vínculo, era un riesgo potencial para su futura carrera política. Por lo tanto los investigadores confirman: está la víctima, el móvil, el arma asesina y la responsable.
-No puedo creerlo…todo esto es una pesadilla… ¿Qué podemos hacer?
-Vamos a ver como el juez caratula la causa, pero sea como sea, debo ser franco contigo Maxi, Valeria va a ser condenada.
Esa noche, se le vio a Maxi deambular como perdido recorriendo la panorámica costanera, ensimismado en sus pensamientos. En un momento se detuvo y quedó enfrentado al rio, una brisa fría lo envolvió, guardó sus manos en los bolsillos, sus dedos acariciaron algo, cuando la extrajo, en su palma se divisaba un pequeño frasco de vidrio en cuya etiqueta se leía “Cianuro”, tres pastillas de Viagra que guardó dentro del frasco y un juego de llaves. Murmuró en voz baja casi con una sonrisa.
-Nada de estas cosas voy a necesitar ya.
Las arrojó al río color león y siguió caminando por la larga costanera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Posted 18 agosto, 2014 by admin in category Cuentos

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