Historia de un Pequeño Pescador
Cuando la claridad del día decae y el crepúsculo se insinúa, el pequeño encamina sus pasos hacia la cita obligada en el puerto de pescadores. En ese lugar se reúne con aquellos hombres conocidos de siempre, que como todos los días también esperan el regreso de los botes.
Al cabo de un rato, las embarcaciones van arribando con su carga de redes y pescados. Uno de los primeros en llegar es su padre, que es considerado uno de los más experimentados del pueblo. Ni bien los botes atracan en el viejo muelle de madera, aquellos que esperaban, saltan ágiles dentro de las embarcaciones para bajar los cajones repletos de pescados. El niño se abraza a su padre y una vez terminada la descarga, recorren juntos tomados de la mano, las pocas cuadras que los separan de su casa.
Durante la cena el niño espera expectante; el padre que apenas disimula su cansancio, describe con una sonrisa, los incidentes de esa jornada mientras contempla la cara fascinada de su hijo.
-Papá yo quiero ser pescador como vos, quiero ir en los botes con los demás.
-Todo a su tiempo hijo mío, aún eres pequeño, pero considero que ya estás en edad de ir comprendiendo algunas cosas. El ser pescador no es tan fácil y en ocasiones tampoco es tan placentero, es una profesión dura y que además tiene sus riesgos.
– Pero yo quiero -el niño continuaba con su súplica.
-Bueno hijo, pero presta atención a lo siguiente y que estas palabras se vayan grabando en tu espíritu. En primer lugar debes ir descubriendo lo poderoso que es el mar, si dudas de ello, fíjate como golpea de manera tozuda los acantilados una y otra vez hasta modelar su dura piedra o también al empecinarse de manera caprichosa en intentar hundir nuestros barcos. El desafío es permanente, pero cuando él nota que nuestro sentimiento es de admiración, entonces nos entrega complacido sus tesoros. El día que llegues a entender toda esa grandeza, entonces también aprenderás a amarlo, porque también él, suele ser dócil y resignado como cuando acaricia suavemente tus pies en la playa. Cuando lo hayas conocido tal cual es, sabrás que ha llegado tu día.
Esa noche entreverado en las cobijas de su cama el niño ya imagina entusiasmado, convertirse muy pronto en un gran pescador, como lo es su padre o como lo fue su abuelo.
La noche siguiente después de la cena, el pequeño se encaminó hasta el embarcadero donde estaba anclado el bote de su padre, tenía prohibido subir si él no estaba presente, pero por fortuna, el bote estaba pegadito al muelle, no había ningún peligro. Trepó por la borda y caminó la cubierta, a partir de ese momento la imaginación del pequeño voló tan alto como las gaviotas en el día, muy pronto el barco se pobló de corsarios y piratas.
La noche se iba descolgando lenta sobre el puerto, el niño en un momento se asomó por la baranda del bote y ahí vio con desconsuelo, como el poderoso mar se había devorado a la brillante luna llena. Lleno de espanto retrocedió unos pasos y miró a su alrededor, encontró una cuerda en cuya punta tenia sujeto un buen anzuelo y no dudó un instante, lo tomó y lo arrojó al mar donde la luna parecía agonizar en las profundidades. Comenzó a recoger la soga desde el otro extremo, pero el anzuelo quedó atascado a unas rocas en el fondo. Tiró pero la soga le ofrecía resistencia, entonces inspiró profundamente y haciendo un esfuerzo supremo, pegó tal envión que la cuerda lastimó sus manos pero el anzuelo zafó del atasco, el impulso le hizo caer de espalda, tirado ahí con los ojos hacia el cielo, vio la luna brillante en lo alto.
-Papá va a estar orgulloso de mí, pude liberar la luna del poderoso mar.
Esa noche las cobijas entibiaron por primera vez, el cuerpo de un nuevo pescador del pueblo.