Mágica Amistad
Estalló como un relámpago fugaz y sorpresivo, el informe del médico fue sombrío “Su estado es muy grave, nos queda solo aguardar un milagro”.
Me sentía abatido, en esa lucha desigual mi amigo estaba siendo derrotado.
Los médicos habían dicho ¡Un milagro!, esa palabra se alojó en mi corazón, mientras en mi mente seguía retumbando como si fuera la propagación de un eco.
La vida es un don maravilloso, fascinante pero en ocasiones nos abruma con situaciones imprevistas y dramáticas. Lo funda-mental es no claudicar nunca, es esencial que nos revelemos y marchemos convencidos detrás de cada esperanza, porque es muy cierto que éstas no se agotan ni desaparecen, sino que son las personas que terminan abandonando sus sueños.
Comencé a desandar mis recuerdos, y en un momento cobró nitidez un hecho de mi infancia. Fue aquel instante que llegó a mis manos el primer libro de aventuras.
Era un relato que me había fascinado, narraba la existencia de un paraje prodigioso, un lugar mágico, un lugar que albergaba entre otras cosas, increíbles riquezas. Consistía en dos vasijas, una de ellas desbordaba en joyas y monedas de oro, esa riqueza tenía una clara significación era: el bienestar, la comodidad, los placeres y también el poder. La otra sorprendía, pues daba la sensación a primera vista de estar completamente vacía, su contenido era nada más ni nada menos que la posibilidad de acceder a un único deseo.
El inconveniente era que para alcanzar cualquiera de las vasijas, había que emprender un camino extremadamente difícil, se requería de un gran tesón y una voluntad férrea sin límites. Esa descripción era más o menos el comienzo de aquel relato.
En un primer momento deseché la idea, consideré que eran solo historias infantiles, pura fantasía. Pero la realidad del padecimiento de mi amigo me golpeó de manera brutal, y me sentí solo y sin esperanzas. Entonces algo sucedió, una fuerza interior se adueño de mi persona, y algunas preguntas se instalaron dentro de mí ¿Por qué no? ¿Y si fuera verdad? ¿Y si ese lugar existiera?
Tomé la determinación de ir en su búsqueda, valía la pena intentarlo aunque desconocía la manera de hacerlo. Lo que se dio después, nunca pude llegar a explicármelo, pero confieso que en verdad ocurrió.
La realidad vigente fue reemplazada, todo se transformó, en un instante me vi sumergido sin entender en aquella historia de mi niñez, como si una fuerza extraña hubiera despejado un camino desconocido, permitiéndome atravesar una puerta hacia otra dimensión, y fue curioso, me sentía muy bien, feliz como cuando era niño, me di cuenta en ese momento, de que estaba siendo el protagonista de aquella fantástica aventura.
Tenia muy presente el cuento, sabía que por delante me iba a enfrentar con innumerables desafíos: llanuras, montañas, ríos, selvas se iban a oponer. Pero estaba convencido que no iban a ser suficientes los escollos, que me impidieran cumplir con mi objetivo.
El tiempo urgía debía iniciar la marcha, emprendí ese viaje fantástico e imaginario.
Ya hacía tiempo que andaba y las jornadas se iban sucediendo con sus dificultades. Muchas fueron las noches con sus días mientras yo continuaba en la búsqueda de esa quimera, de esa magia que desde chico a través de aquel relato, se había fundido en mi interior. En un momento me asaltó el temor, pensé que había extraviado el rumbo, habían sido varias las bifurcaciones de caminos, y en ocasiones dudaba sobre qué dirección tomar. En una oportunidad al ingresar a un bosque y después de horas de andar y luchar contra la espesura, tuve la amarga sensación de que caminaba en círculos y que no iba a poder salir. Pero no importó seguí con más ímpetu aún, ese tesón dio sus frutos, la aparición sorpresiva de un sendero abandonado me permitió lograrlo. Al tiempo trepando una cuesta muy pronunciada, pensé no tener las fuerzas suficientes para conquistarla, pero cada vez que la angustia me invadía, cada vez que el cansancio intentaba doblegarme, pensaba en mi amigo y entonces una energía renovada, un optimismo enorme crecía dentro de mi “Lucharás hasta el último aliento que te quede…y aún más”
Un día el estallido de un trueno me sobresaltó, hizo que alzara la vista, y en un instante las nubes se transformaron en nubarrones, remolinos de viento sacudían los pastos e inclinaban las copas de los árboles, la lluvia comenzó a mojarme, pero no era fría, era más bien cálida, en ese momento me detuve, no sé cómo ni por qué, pero logré vislumbrar que algo estaba por suceder.
Seguí caminando con paso cada vez más vivo y al cabo de un rato me encontré que ya no caminaba, corría, y en ese instante todo se calmó, el silencio invadió la llanura, solo se escuchaban mis pasos golpear en la hierba, el sol comenzó a filtrarse entre las nubes y… ¡Ahí estaba! Una maravillosa cinta de siete colores, una curva luminosa se instaló en el cielo, y para sorpresa, justo el nacimiento de ella, descansaba estática frente a mí. Caí de rodillas y así de rodillas fui acercándome hasta divisar las vasijas de mi cuento, solo me restaba escoger una de las dos.
Me acerqué, no tenía ninguna duda sobre mi elección y me abracé a ella muy fuerte, un haz de luz salió de la misma y me atravesó de lado a lado. En ese preciso instante la realidad se impuso clara y nítida, me encontré junto a la cama de mi amigo y al observarlo noté que sus fatigados párpados se movían, abrió los ojos, una de sus manos aferró la mía y me sonrió.