Pesadilla
Martín se sentía cansado, pero estaba convencido que iba a ser una noche diferente, distinta a esas otras noches donde sentía temor quedarse dormido.
Recurrentemente lo acosaba la misma pesadilla. Un sueño casi real, dramático. Percibía, en la penumbra de su cuarto, la imagen de Silvana que avanzaba decidida hasta detenerse donde él reposaba inmóvil en la cama. La joven después de persignarse, extraía de entre sus ropas un cuchillo de cocina. Como todas las noches, levantaba el brazo y como todas las noches lo descargaba una y otra vez sobre su pecho inmóvil y desguarnecido.
Le habían advertido que muchas veces la reiteración de la misma pesadilla, era el reflejo involuntario e inconsciente de la mente, intentando comunicarse. Aquellos que los padecen – le dijeron – deberían intentar darle un sentido en el contexto de sus vidas, y de lograr interpretarlos podrían resultar de una invalorable ayuda.
Esa mujer que en sus sueños, noche tras noche mientras duerme le da muerte, es su ex esposa. Se separaron hace casi un año, debido a los trastornos mentales que ella padece. Le habían diagnosticado una leve esquizofrenia, con algunas disfunciones sociales.
Después de analizar en profundidad la reiteración de esa pesadilla, llegó al convencimiento pleno que la separación de la pareja, no logró serenar los espíritus de ninguno de los dos.
Reflexionó que de haberse quedado junto a ella, tal vez hubiera facilitado a ambos, poder sobrellevar esa angustiosa enfermedad.
Después de analizarlo durante un tiempo se convenció. Sabía que no iba a ser fácil. Pero si era el precio que debía pagar para aliviar el mal de Silvana, estaba dispuesto a intentarlo, evocando aquellos primeros cinco años maravillosos de matrimonio.
Esa noche la llamó por teléfono, le suplicó que debían encontrarse de manera urgente por la mañana. Le informó que le iba a proponer algo importante. Si el destino los había puesto a prueba, entonces juntos, como al principio debían luchar para superar ese difícil trance.
Ya era tarde y Martin se fue rindiendo ante el obstinado sueño, pero esa noche se sentía por fin tranquilo. Había podido interpretar el mensaje de su pesadilla.
Al cabo de unos minutos ya estaba soñando, sus párpados se apretaban muy fuertes, su mandíbula se contraía y su cuerpo se sacudía bajo los efectos de espasmos nerviosos. Como tantas otras noches, la puerta de su pieza se fue abriendo despacio, y la imagen de Silvana volvía a recortarse en la penumbra. Avanzando lenta pero decidida hasta detenerse junto al lecho, donde como todas las noches Martin dormía. Luego la mujer se persignaba y extraía de entre sus ropas un cuchillo de cocina, levantaba el brazo y lo descargaba una y otra vez sobre el pecho inerme de su esposo.
Los expertos estaban desconcertados, desestimaron que haya sido con fines de robo la extraña muerte de Martin, con un cuchillo de cocina clavado en su pecho.