Una Tarde en Calma

La tarde intentaba desplegarse apacible, pero su organismo intoxicado de alcohol le reclamaba una tregua, un respiro, aunque mas no sea una pequeña cuota de tranquilidad.
Decidió que lo primero que debía hacer, era tomarse una aspirina… mejor dos, luego entrecerrar los ojos y relajarse con alguna música de fondo.
-Debería ser algo suave – dijo Matías -me parece que el “CD” de Boleros esta puesto. ¡Se me parte la cabeza! Farra, mujeres, chupi. ¡Qué manera de tomar! Es evidente que una cosa no va con la otra, solo me acuerdo del chupi, de ellas ¡ni por las tapas! Además, no tengo la menor idea de cómo llegué anoche, pero en fin, lo importante es que ahora estoy al resguardo y en la paz del bulín.
Una vez que encendió el equipo de música, comenzó a deleitarse con sus temas preferidos, por las dudas se tomó tres analgésicos y se encaminó hacia el sofá con intensiones de perderse entre sus almohadones.
-¡Pero esto…! ¿Qué hace esta mina acostada acá? ¿Quién es? ¡Será posible que no me acuerde de nada! ¿Quién la trajo, como vino? – Su cara no terminaba de definirse, pasaba del rojo al blanco y sus ojos parecían querer escapar de sus órbitas.
-¡Eh… señorita, eh… no despierta! Si logro calmarme es probable que alguna imagen pueda llegar a mi memoria. Anoche estuve en ese boliche ahora convertido en cabaret, eso lo recuerdo, si… claro porque todavía estaba sobrio, me parece que de entrada nomás estuve con Betty ¡Pero esta no es, esta es rubia! ¿Habré estado apretando con la rubia también? Qué mal que estoy, no se me ocurre nada. ¿Habré tomado whisky o una droga para el olvido? Si no dejo el alcohol y pronto, voy a terminar siendo un fiel candidato al delirium, voy a comenzar a descubrir pequeños monstruitos en los rincones.
-No se mueve, ¡Eh…rubia! Parece que no respira, hagamos memoria, hace unos años cuando hice el curso de primeros auxilios en el laburo. ¿Qué se hacía en un caso así? ¿Y si está muerta? ¿Tendría que hacerle respiración boca a boca? Calma… si le pongo los dedos en el cuello para controlar los latidos, a ver ¡Uy!…no siento nada ¡Está más muerta que una momia egipcia! ¿La habré matado yo? ¿Y por qué la iba a matar? ¿Qué hago? ¿Dónde la pongo?
En medio de ese patético desconcierto el timbre de entrada lo inquietó aún más. Presuroso observó a través de la mirilla, la sorpresa lo paralizó, era Javier, el policía encargado de vigilar el barrio.
-¿Qué querés Javier?
-Abrí la puerta flaco, en nombre de la ley.
-No puedo creer que este inconsciente se haya enterado de la rubia- susurraba Matías.
-Esperá Javier me visto y te abro.
Fue hacia el dormitorio, tomó una manta que estaba sobre la cama y rápidamente cubrió el sofá y a la rubia. Respiró hondo, trató de parecer sereno y abrió la puerta de calle. El policía se le quedó mirando y le preguntó.
-¿Qué te pasa Matías? que facha ¿te sentís mal? Estás muy pálido che… pará la mano que no tenés veinte años, no podés estar todos los días de joda. Me contaron algunas vecinas chismosas que siempre te ven llegar en no buenas condiciones y además bien acompañado.
-Ah sí… no… más o menos.
-¿No me digas que todavía está adentro? Te admiro macho.
-Nooo… ya se fue.
-Ah, bueno, fenómeno, entonces permitime pasar un segundo al baño.
-Nooo… ya partió – dijo en voz baja – y para siempre.
-Si me lo dijiste pero es solo un minuto quiero ir a orinar.
-Nooo…lo que pasa es que justo ahora estoy con un problema en el inodoro, disculpame, andá del vecino.
-Está bién, pero que raro que estás Matías. Chau y cuidate. ¡Ídolo…!
Matías cerró la puerta y quedó apoyado en ella, le temblaban las piernas, se sentía mareado, le vinieron deseos de vomitar y se dirigió tambaleándose hasta el baño, trató de abrir la puerta y no pudo, entonces escuchó desde el interior una voz muy suave que le decía.
-Espera un poquito querido, ya salgo.
Matías asombrado se volvió y miró el sofá, vio la manta en el suelo y ni señas de la finada.
En ese momento se abrió la puerta del baño y apareció la rubia.
-Pero…pero… ¿No estabas muerta?
-¿Qué decís? muerta si, de sueño.
-Contame que pasó anoche- preguntó Matías.
-¿No te acordás de nada? ¡Qué borrachera tenías por Dios! Te iban a dejar en la ve¬reda, me dio lástima, menos mal que te acordabas la dirección de tu casa. ¡Ah!… me debés cua-renta pesos del taxi, a duras penas te pude arrastrar hasta tu cama, después vi el sofá, como era muy tarde o temprano según como se mire, me tenté y me quedé, espero que no lo tomes a mal.
-Para nada, te agradezco lo que hiciste- Matías respiró aliviado – No te imaginás el peso inmenso que me sacás de encima ¿Te debo algo más?, ¿Tu nombre es…?
-No, está bien así, pero muy mal lo tuyo ni te acordás lo que hicimos anoche, bueno no importa, espero volverte a ver y ahí sí te voy a cobrar. Quiero decirte que sos un divino, cuando desperté vi que me habías cubierto con una manta para que no tomara frio, ¡ah!… y mi nombre es Lucia.
-Sí…algo me…bueno… encantado…es que me pareció – las palabras se descolgaban incoherentes de la boca de Matías.
La rubia tomó su bolso, abrió la puerta de calle, le dio un beso en la mejilla y se fue. Matías cerró y moviéndose como un autómata, trató de recobrar una pizca de esa calma que había perdido hacía un buen rato. Se derrumbó sobre el sofá ahora vacío, la música romántica seguía inundando la sala, logrando de a poco serenarlo.
-¿Cómo pude ser tan imbécil y no darme cuenta que dormía? ¡Qué manera de angus¬tiarme! Y qué modo de dormir la rubia, cosa de locos. Pero pensándolo bien ¿cómo y porqué iba a tener una mujer muerta en el sofá?
Decidió darse una ducha bien caliente, pensó que era lo mejor para eliminar el resto de la resaca y de esa intranquilidad que aún lo perturbaba. Comenzó a quitarse la ropa ahí mismo, la fue dejando tirada en el camino, entró al baño, se miró en el espejo, los pelos revueltos y unas ojeras impresionantes no le permitieron reconocer la imagen que se reflejaba.
-¡No, definitivamente no, se acabó, no tomo más, basta de alcohol y de juergas!…bueno tal vez una cada tanto.
Mientras introducía una pierna en la bañera, con una mano deslizó la cortina de plástico. Tuvo que agarrarse de ella para no caerse. Una hermosa morocha desnuda, yacía tiesa en la bañera.


Posted 28 agosto, 2014 by admin in category Cuentos

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